El sector ve imposible controlar el cobro de la nueva tasa de Barcelona

La aprobación del cobro de una tasa a los turistas que no pernocten en Barcelona, ha generado la reacción del sector que no ve nada claro el modo en que se podría controlar el cobro de un modo equitativo. Por otro lado, el sector considera que el Ayuntamiento de la ciudad debería esforzarse más que en recaudar, en promover infraestructuras.

“El Ayuntamiento de Barcelona debería preocuparse más de dotar a la ciudad de infraestructuras que de recaudar a toda costa. En la ciudad faltan urinarios públicos, aparcamientos, etc.”, indica Martí Sarrate, presidente de la asociación catalana ACAVE (Asociación Corporativa de Agencias de Viajes Especializadas), y que forma parte, asimismo, de la Comisión Permanente del Plan Estratégico del Ayuntamiento de Barcelona que abarca hasta 2020.

Pero el mayor problema con el que se enfrenta esta iniciativa del Ayuntamiento (que está todavía por ver si podrá llevara a cabo, ya que no está claro que la administración local tenga competencias para implantarlo) es cómo controlar de un modo equilibrado el cobro de esa tasa a los visitantes que no pernoctan.

De hecho, según indica Sarrate, el sector lleva negociando con el Ayuntamiento desde octubre una tasa de 45 euros por autocar, con un máximo de 70 vehículos diarios, y que se comenzará a aplicar en octubre de 2018.

“¿Pero y los visitantes que lleguen por otros medios, cómo se controlan para que paguen la tasa?”. El presidente de ACAVE se refiere, entre otros, a la gran cantidad de turistas que están pasando sus vacaciones en playas del Mareme y otras zonas, que van a pasar el día a Barcelona en tren o en coche, al margen de los turoperadores, que se supone que serían los encargados de recaudar la nueva tasa al vender excursiones. “Es imposible controlarlo”, añade Sarrate.

Y si se aplicara de manera indiscriminada a todos los turistas, se produciría una duplicidad en el caso de los que están alojados en hoteles y los que llegan en cruceros, que ya pagan una tasa.

“La masificación es un problema de infraesctructuras y sensibilización. Si dentro de unos meses se abre un hotel de 1.000 camas a 20 kilómetros de Barcelona, las personas que duerman allí visitarán Barcelona con toda seguridad”, concluye Sarrate, que ve con preocupación cómo cada vez se habla más de turismofobia.

Fuente: Hosteltur
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